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La Guajira frente a El Niño: el calor que nos obliga a anticiparnos

Una vista de primer plano de suelo desértico marrón y agrietado por la sequía, con un arbusto espinoso y sin hojas a la izquierda. A lo lejos, se ven cactus columnares y otros árboles resistentes al clima seco, con una choza tradicional de paja a la derecha bajo un cielo azul claro con el sol brillante y alto.

Hablar de El Niño no debería ser solamente hablar de un fenómeno que ocurre lejos de nosotros, en el océano Pacífico. Para La Guajira, sus efectos pueden sentirse de manera directa en la vida cotidiana: en las altas temperaturas, la disponibilidad de agua y las condiciones de sequedad del territorio.

El Niño ocurre cuando las aguas del océano Pacífico tropical se calientan más de lo habitual. Este cambio puede afectar el clima de diferentes regiones y alterar los patrones de lluvia y temperatura.

¿Y qué significa esto para nosotros? En términos sencillos, más calor y menos lluvias en algunas zonas del país durante los próximos meses. Según el Instituto de Hidrología, Meteorología y Studies Ambientales (IDEAM), en agosto las temperaturas estuvieron entre 1 y 3 °C por encima de lo habitual en diferentes sectores de Colombia, mientras que, desde septiembre, algunas zonas podrían alcanzar hasta 4 °C más de lo normal. 

En sus reportes más recientes, el IDEAM y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos señalan que los efectos de El Niño continúan fortaleciéndose. Además, existe un 97 % de probabilidad de que este fenómeno se mantenga hasta el primer trimestre de 2027.

Esta situación no es únicamente una posibilidad teórica observada en los modelos. Durante los primeros días de agosto de 2026 se registraron periodos de calor persistente en diferentes regiones del país, incluida La Guajira. Por ser semiárida y presentar dificultades asociadas a la disponibilidad de agua, en un periodo prolongado de altas temperaturas y déficit de precipitaciones puede tener consecuencias especialmente sensibles para el territorio. En municipios como Barrancas y Hatonuevo, además, el riesgo de incendios de cobertura vegetal alcanzó niveles rojos.

Diagrama explicativo de la dinámica océano-atmósfera en el Pacífico ecuatorial que compara las fases del evento ENOS: El Niño, Condiciones Neutrales y La Niña.
Dinámica océano-atmósfera durante las fases de El Niño, condiciones neutrales y La Niña.  Fuente: Bureau of Meteorology (BOM), Australia.

Sin embargo, uno de los datos que más debería llamar nuestra atención está relacionado con las lluvias. El informe de predicción climática del IDEAM señala que se esperan condiciones por debajo de lo normal en buena parte de la región Caribe con especial impacto en La Guajira. En la Alta y Medios Guajira, se estiman disminuciones de entre 20 % y 80 % frente a la climatología de referencia 1991–2020.

El panorama no se limita a las próximas semanas. La reducción de las lluvias podría mantenerse durante septiembre y continuar, con diferentes intensidades, en los meses siguientes. Para octubre, La Guajira y Magdalena siguen entre las zonas donde se esperan niveles cercanos a lo normal o por debajo de lo habitual, con reducciones estimadas entre el 20 % and the 40 % en algunos sectores de la región Caribe. Para diciembre, la situación es aún más marcada: se estima una probabilidad superior al 70 % de que las precipitaciones estén por debajo de lo normal en la región Caribe.

Imagen compuesta de cuatro mapas de Colombia que muestran las proyecciones de la anomalía de la temperatura media para los meses de agosto, septiembre, octubre y noviembre de 2026. Una escala de colores debajo de cada mapa indica la diferencia de temperatura en grados Celsius (°C) entre la predicción y la climatología histórica, con tonos rojos para temperaturas más cálidas de lo normal y azules para temperaturas más frías.
Predicción de la anomalía de la temperatura media (°C) para el período comprendido entre agosto y noviembre de 2026. Fuente: Instituto de Hidrología, Meteorología y Studies Ambientales (IDEAM), 2026.

¿Por qué debería importarnos esta combinación? Cuando las lluvias disminuyen y las temperaturas aumentan, aumenta también la presión sobre las fuentes hídricas, los sistemas agropecuarios, los ecosistemas y las comunidades que dependen de ellos. En este escenario, las zonas donde se esperan mayores reducciones requieren especial atención, al igual que las comunidades rurales y aquellas cuya disponibilidad de agua depende directamente de fuentes locales y sistemas de almacenamiento. 

Dos mapas comparativos de Colombia que muestran el pronóstico de la condición más probable de precipitación para agosto y septiembre de 2026, utilizando una escala de colores para indicar probabilidades de lluvias por debajo, cerca o por encima de lo normal.
Condición más probable de precipitación para agosto y septiembre de 2026, con énfasis en la Alta y Medios Guajira.  Fuente: Instituto de Hidrología, Meteorología y Studies Ambientales (IDEAM), 2026. Elaboración gráfica y resaltado de la Alta y Medios Guajira: José Fabio Muñoz.

Por eso, considero que la pregunta correcta no debería ser únicamente “¿qué tan fuerte será El Niño?”, sino “¿qué tan preparados estamos para enfrentar sus posibles efectos?”. La diferencia es fundamental. El fenómeno climático no está bajo nuestro control, pero sí podemos tomar decisiones sobre cómo gestionamos el recurso hídrico, cómo protegemos nuestros ecosistemas, cómo prevenimos incendios y cómo fortalecemos la capacidad de respuesta de nuestras comunidades y municipios. La información científica disponible debe servirnos precisamente como una herramienta para anticiparnos.

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University of La Guajira

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